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Lucainena de las Torres, qué ver en este reducto de paz anclado en el tiempo

Lucainena de las Torres, qué ver en este reducto de paz anclado en el tiempo
Rodeado de belleza, Lucainena de las Torres es una parada indispensable en cualquier ruta por Almería o por Andalucía Oriental, un pueblo blanco que conserva su trama medieval, que cuenta con un importante pasado minero y una de las vías verdes más conocidas del sur de España

Un pueblo de casas blancas, intrincado trazado medieval y calles estrechas llenas de flores, enclavado entre cerros y atalayas… ¿Cuántas localidades se pueden describir así en Andalucía? Por fortuna son bastantes y es la idiosincrasia de muchos de los puntos de esta tierra. Sin embargo, Lucainena de las Torres es de los que mejor conservada tienen toda su estructura, con esa ascendencia árabe que le da su personalidad y que, pese a ser muy pequeño, le ha hecho formar parte del grupo de los pueblos más bonitos de España desde muy pronto, ya que fue proclamada como tal en 2013.

No sólo es lo que hay que ver en Lucainena de las Torres sino todo lo que ofrece a su alrededor. Cuenta con algunos de los más bonitos paisajes de la provincia de Almería y un pasado minero que está muy presente.

Con apenas 600 habitantes, también es un reducto de paz y armonía. Y si a todo ello añadimos que entre los puntos más cercanos se encuentra la preciosa Níjar, puerta a su vez del Cabo de Gata, el conocido desierto de Tabernas y Sorbas, con sus famosísimas cuevas… Lucainena es una visita indispensable en la provincia de Almería.

Se trata de una bonita excursión de un día. Si es sábado te encuentras hasta el mercadillo y el pueblo muy animado. Y si vas otro día, una vida muy tranquila. Y, siempre, un lugar encantador.



Qué ver en Lucainena de las Torres

Más que puntos concretos que ver en Lucainena de las Torres, lo que uno disfruta más en este pueblo es perdiéndose por sus calles, admirando esas cuidadas fachadas blancas llenas de flores y esas casas antiguas tan bien conservadas en el tiempo.

No es una población muy grande, pero da para perderse, para disfrutar de cada rincón, de cada piedra, de cada casa, de la vida sosegada a la que invita; y también para disfrutar de alguno de los encantadores locales que tiene.


Plaza principal del pueblo, Plaza del Ayuntamiento
Allí es donde tiene lugar el mercadillo semanal de los sábados, pero también, como en muchos pueblos, es el centro de reunión de la localidad. Allí se encuentra el Ayuntamiento, una antigua fuente, un árbol centenario, un mesón… No es una plaza muy grande, como no lo es tampoco el pueblo, y va en consonancia con la estructura y blancura de sus calles.

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Plaza del Ayuntamiento, con su árbol centenario al fondo.


Iglesia Nuestra Señora de Monte-Sión
Reconstruida en el siglo XVIII donde antes estuvo otro templo dos siglos más antiguo y destruido por los piratas; y antes, una mezquita. Es un templo austero y sencillo, de estilo neoclásico, planta de cruz latina y con ventanas de escaso tamaño, lo que ayuda al recogimiento. Se puede apreciar muy bien desde el cercano Mirador del Poyo de la Cruz, el más popular que hay en la localidad.


Museo de la Cerámica y centro de Exposiciones
Situado junto al Mirador del Poyo de la Cruz, el Museo de la Cerámica tiene su origen en la colección de 270 piezas que María Teresa Esteban Cortés dona al pueblo en el que se crio. La cerámica procede de muchas partes del mundo y está abierto desde 2014.


Sus miradores, el Mirador del Poyo de la Cruz y el mirador del Garruchete
El primero está situado en la parte ‘baja’ de la localidad, junto a la iglesia y al Museo de la Cerámica, tiene forma de balcón y es un lugar privilegiado para ver el pueblo y todo el entorno de la localidad. El segundo, en cambio, está en la parte ‘alta’ y desde él tenemos una vista cercana y privilegiada para observar todo lo que ofrece Lucainena de las Torres. Por debajo de él se sitúa un área recreativa y uno de los parkings de la localidad, el lugar más cercano para dejar el coche si buscas visitar el núcleo urbano.

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Una de sus típicas fachadas cargadas de flores.



Y en sus alrededores

Torre vigía Molinillo de Viento
Habrá quien le sorprenda el nombre de la localidad cuando no encuentra ninguna torre en el pueblo, ni siquiera una que sobresalga de forma destacada en la iglesia. Sin embargo, sí que aún queda una en pie y está en una colina cercana. Se trata de una torre defensiva medieval, que luego se convirtió en molino de harina y que por eso recibe el nombre de El Molinillo o Molinillo de Viento. Es el único vestigio que queda de lo que fue un poderoso entramado defensivo con siete torres y una muralla. La localidad tuvo importancia en época medieval como lugar de paso, de ahí que recibiera el nombre original de Lucainena de las Siete Torres. Con el tiempo, éstas se fueron perdiendo, se acortó el nombre y sólo quedó en pie la principal, que es ésta que aún se puede ver.


Lavaderos de La Fuente y de El Marchal
Otra de las muestras de lo que bien que conservan su historia es la pervivencia de sus lavaderos públicos. A las afueras del pueblo, en la parte alta, se conserva el lavadero de ‘La Fuente’, unas pilas techadas con casi un siglo de historia (1923); y, algo más alejado, está el lavadero de ‘El Marchal’, al que se suele acceder desde la Vía Verde siguiendo una acequia y que, como el anterior, está conservado y restaurado.

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Lavaderos de La Fuente.


El Peñón de Lucainena
No hace falta ir a buscarlo para verlo. Emerge majestuoso como fondo del pueblo y alcanza los más de 1.000 metros de altura. Su silueta siempre ha estado ligada a la imagen de Lucainena de las Torres y hasta cuenta con leyendas de tesoros escondidos. Hay una ruta que te lleva casi hasta la cima y desde la que tienes unas vistas panorámicas inmejorables de la localidad. Durante el trayecto se pueden aún apreciar algunos restos de lo que fue el entramado defensivo que tenía el pueblo. Del peñón nacen los dos manantiales que llegan hasta los lavaderos de ‘El Marchal’ y ‘La Fuente’.


Barranco de Jugarí o de Almanzarilla
Muy popular en la localidad porque de allí brota una fuente que se considera curativa y que por ello acogió unos baños públicos construidos en el siglo XIX.



El Coto Minero

Mención aparte tienen todos los restos de su pasado minero, que hicieron que Lucainena viviera una época de esplendor desde mediados del siglo XIX a los años 40 del pasado siglo XX. Es una época en la que el pueblo crece gracias a las personas que llegan para trabajar en los cercanos yacimientos de hierro y con su poblado minero supera los 3.000 habitantes. En aquella época llegó a tener hospital, teatro, estafeta de correos, telégrafo y hasta tren.

Hoy día sólo quedan ruinas de lo que fue, pero también un patrimonio que completa la oferta turística de este precioso pueblo y también muestra cosas diferentes que ver, derivadas de las explotaciones, en los alrededores de Lucainena de las Torres.


Hornos de Calcinación, túnel y poblado minero

Por un lado está el Coto Minero, que tiene en sus Hornos de Calcinación como principal muestra de lo importante que fue. Son ocho hornos construidos entre finales del XIX y comienzos del XX que originariamente tenían unos 20 metros de altura y capacidad para unas 500 toneladas de mineral al día.

No está muy lejos de la localidad y se puede llegar dando un corto paseo, aunque también puedes ir en coche, no en vano, cuenta con una amplia zona de aparcamiento. Hay paneles explicativos que detallan cómo era toda la explotación y se han cuidado los accesos para que los usuarios puedan visitarlos con comodidad. Desde la localidad se estima que unas 10.000 personas los visitan cada año.

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Hornos de calcinación, la imagen más conocida del pasado minero de Lucainena.

De los ocho hornos que quedan, uno de ellos se restauró hace unos años para que los visitantes pudieran conocer cómo era originariamente. Los otros siete, aunque no estén tan bien conservados, sí han tenido obras de mantenimiento que les permiten pervivir en el tiempo.

Tras los hornos continúa la senda minera, que pasa por un túnel y por la que también se llega a los restos de las antiguas viviendas de los mineros, la central eléctrica y las minas propiamente dichas.


Vía Verde de Lucainena de las Torres

El mineral que se extraía de estas minas y que se trataba en los hornos era transportado en tren hasta el puerto de Agua Amarga, en lo que hoy es el Cabo de Gata, y cuyo descargadero se puede visitar junto a ese precioso pueblo blanco de la costa almeriense.

Ese tren no existe desde hace setenta años y, de hecho, se desmanteló completamente. Pero sobre él se ha creado recientemente una vía verde que, al principio era modesta, pero que ya se ha ampliado hasta la Venta del Pobre y pretende estar completamente disponible en un futuro próximo hasta Agua Amarga. Entonces contará con 36 kilómetros de recorrido y promete ser una de las vías verdes más espectaculares de España. Y un aliciente más para una zona que ya tiene mucho que mostrar.

Esa vía verde es otro de los atractivos del pueblo. Parte desde un amplio aparcamiento situado muy cerca del pueblo, donde hay una torre de una antigua fábrica, fruto también de ese pasado minero, una pequeña ermita, lo que era la estación de tren de la localidad, hoy colegio, y una recreación de una estación antigua, que es la Oficina de Turismo.

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Vistas de la Sierra Alhamilla, desde el Mirador de El Algarrobo (Vía Verde de Lucainena)

Aunque la original es de tan solo 5,5 kilómetros, recientemente se han habilitado diez más mencionados para alcanzar los 15,5 km. La Vía Verde actual se podría dividir en tres tramos, uno que va desde Lucainena de las Torres a El Saltador, el segundo de El Saltador al Puente del Molinillo y, el tercero, de éste a la Venta del Pobre.

Los 5,5 km originales son los que habitualmente hacen las personas que acuden a ver Lucainena de las Torres, como complemento a la vista a localidad y a su entorno. Como es lógico, su trazado tiene muy poca pendiente -como todas las vías verdes-, tiene varias zonas de descanso, alguna fuente, miradores y está muy bien señalizado.

El paisaje que le rodea es tradicionalmente árido -no hay que olvidar que estamos muy cerca del desierto de Tabernas-. En su arranque hay una bonita visión de la población, tiene un desvío hacia el lavadero de El Marchal y, más adelante, ya sea durante el recorrido o desde un mirador, tiene unas vistas espectaculares de la Sierra Alhamilla. Además, pasa antiguos puentes del ferrocarril (Puente de la Rafaela, el Molinillo, Baños, Rambla Honda…) y por lugares conocidos o con un pasado más esplendoroso, como las ruinas del antiguo Cortijo de las Tejas y su conocido molino.



Donde comer, alojarse, aparcar… en Lucainena de las Torres

La Oficina de Turismo de Lucainena de las Torres está situada en el arranque de la vía verde, muy cerca del amplio aparcamiento que hay a la entrada del pueblo y simula ser una antigua estación de tren. Sirve tanto para dar información de la localidad como, sobre todo, de la conocida ruta de senderismo que desde ahí parte. Allí hay opciones para hacer rutas guiadas.


Dónde aparcar en Lucainena: Hay dos principales áreas para estacionar tu vehículo en el pueblo. La más cercana al núcleo urbano está cerca del mirador de Garruchete, en la llamada área recreativa, aunque no es muy grande. Si vas un día en el que la localidad esté muy concurrida, es mejor dejar el coche en el aparcamiento que hay junto al inicio de la vía verde. Ten en cuenta que es una localidad muy pequeña y que todo está cerca. Y, además, hay una salida directa hacia el otro parking que hay frente a los hornos de calcinación, por si prefieres ir hasta allí en coche y no caminando.

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Oficina de Turismo de Lucainena de las Torres.


Dónde alojarse: Aunque es un pueblo que se puede visitar más o menos rápido, el lugar puede ser un magnífico punto desde el que conocer la zona, no en vano, se encuentra muy cerca de Tabernas y de las minas de yeso de Sorbas. Lucainena cuenta con varios alojamientos rurales (Los Pérez, Cortijo Cuatro Elementos…), aparte del Restaurante la Troje, que también es pensión, o del Hotel Montesión Luz del Desierto, para los que quieran integrarse y disfrutar del propio pueblo.


Dónde comer en Lucainena de las Torres: Bar Entre Amigos, Rincón Minero, Mesón La Plaza, Terraza Encanto, Restaurante la Troje, Hotel Restaurante Montesión… Para ser una localidad pequeña, cuenta con un amplio servicio, no en vano, debe acoger un gran número de visitantes en temporada alta.


Fiestas: Aparte de vivir de forma particular algunas de las fiestas tradicionales (San Juan o Semana Santa principalmente), dos son las fiestas que destacan en Lucainena de las Torres.

Una es la Feria, que se celebra la tercera semana del mes de septiembre en honor a su patrona, la Virgen de Monte-Sión. Allí, la plaza del Ayuntamiento se convierte en el centro neurálgico, tanto a medio día como en la verbena que tiene lugar por la noche.

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Lucainena de las Torres, un pueblo blanco con mucho que ver.

La otra festividad tradicional es que tiene lugar en honor a San Sebastián, patrón del pueblo, y que se celebra el tercer fin de semana del mes de enero -San Sebastián es el 20 de enero-. Tras la misa, la imagen del Santo es portada a hombros por las calles y, a su paso, los vecinos le lanzan roscos y roscas.



Qué visitar cerca de Lucainena

Como se puede apreciar, hay muchas cosas que ver en Lucainena de las Torres, pero además, está rodeado por un variado entorno que puede valer como complemento a una visita a la localidad. O ser ésta el que complemente a algunas de las bellezas de la zona.

No tan afamada tal vez, pero no menos bonita, es la localidad de Sorbas. Instalada en lo alto de un barranco, es famosa por su cerámica y, sobre todo, por sus cuevas, el Paraje Natural ‘Karst en Yesos de Sorbas’, un complejo subterráneo de más de 1.000 cavidades excavadas en yeso, considerado el más grande de España. Está a tan sólo 12 kilómetros de Lucainena.

Más cerca (8,3 km) estaría la bella Níjar, otro de los pueblos más bonitos de España, aunque por carretera el trayecto se alargue hasta los 20 kilómetros. Níjar, además, es la puerta de entrada al Parque Natural del Cabo de Gata, no en vano, la mayor parte del mismo se encuentra en su término municipal. Agua Amarga, Las Negras, San José… y sus espectaculares playas son un lugar de visita obligado para cualquier persona que acuda a la provincia de Almería.

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La espectacular y protegida Cala de San Pedro.

Y, en la otra dirección, hacia occidente, lo primero que uno se encuentra tras dejar Lucainena por la Carretera Nacional 340a es Tabernas, una localidad que no necesita presentación, ya que su desierto es el más grande de Europa y se hizo mundialmente famoso por los ‘spaghetti western’.

Como curiosidad, esa fama de la zona no se restringió a Tabernas, a su Fort Bravo o al Oasys MiniHollywood, sino que muchos otros pueblos se han convertido en una u otra ocasión en improvisados poblados de Norteamérica. Sin ir más lejos, Lucainena de las Torres acogió el rodaje de las películas ‘Las pistolas no discuten’ o ‘Los Desesperados’.



Parece difícil que contenga más cosas en tan poco espacio. Lucainena de las Torres es una verdadera joya que merece la pena ver, un privilegiado lugar que, por momentos, parece anclado en otro tiempo no muy lejano. Si tienes pensado hacer un recorrido por las cercanías, no dejes de incluir una parada en ella. No lo lamentarás.

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